sábado, 7 de abril de 2007

LEATHER Y MASCULINIDAD IV


¡Yo quiero ser un macho man !
La “representación” camp de la masculinidad
en la identidad gay-leather

Alfonso Ceballos Muñoz
Publicado en Hartza
(Continuación)

Al mismo tiempo que la cultura hegemónica heteropatriarcal iba imponiendo la construcción de la canónica masculinidad a través de estos iconos, la identidad gay, consciente de sí misma y tras las revueltas de Stonewall en 1969, comienza a construir también su propia imagen de masculinidad.
La cultura hegemónica les había dicho que no eran “hombres reales” y, por lo tanto, el gay tenía que reinventarse a sí mismo continuamente. Denegado su acceso a la identidad de género tradicional, improvisaba e imaginaba nuevas posibilidades.
Mediante el estilo, la imaginación y el ingenio, la cultura gay masculina siempre ha buscado nuevas formas de presentación como respuesta a la norma que en la mayoría de los casos son paródicas.
Así, hacia mediados de los años 70, los homosexuales comenzaron a manifestar públicamente nuevas imágenes personales claramente identificables.
El estilo blando de ser hombre que marcó la vida gay antes y justo después de Stonewall fue desplazado por una versión gay procedente de las imágenes más tradicionales de masculinidad.
El hombre duro con barba y atuendo de cuero del Village era posiblemente la misma reinona inofensiva y dulce de hacía diez años. Estos hombres apropiaron el aspecto masculino normativo de los años 50 y primeros 60 y lo mejoraron y reelaboraron, convirtiéndolo en el butch drag.
De tal manera se convirtió en patrón estándar que muchos críticos concluyeron en denominarlo el clon style. La apariencia física del clon era el primer signo de un nuevo tipo de masculinidad gay. Los clones usaban estereotipadamente significantes masculinos tales como musculatura, vello facial, pelo corto y ropa tosca y funcional para expresar dicha virilidad.
Pero no todo quedaba en aspecto físico personal. La retórica butch usaba significantes hipermasculinos estilizados y reciclados para que a su vez también expresasen masculinidad: forma de hablar exenta de pronombres femeninos; posturas que denotaban distancia, inexpresividad facial y porte enérgico; decoración high tech, tanto en lugares de encuentro como viviendas...

Más arriba se hacía un breve repaso a cómo el discurso heteronormativo había construido un tipo de masculinidad hegemónica y utilizábamos tres iconos culturales como epítomes de la misma. Sin embargo, la identidad gay no está carente de sus propios iconos cuando se trata también de masculinidad. Como ejemplos más significativos nos quedaremos con el look y las letras del grupo Village People y con los dibujos de Tom de Finlandia.

Los que vivimos los años ochenta en todo su apogeo recordamos con agrado, y también con cierta nostalgia, esa música disco tan pegadiza que logró todo un cambio cultural.
Nuestros pies (y nuestros ojos) se dirigían con tímidos pasos hacia una estética y una manera de ser y actuar.
Uno de los elementos culturales que difundieron dicha cultura vino de la mano (y del look) de los famosos Village People que, con canciones tan pegadizas como Y.M.C.A, In the Navy o Macho Man, impusieron un marchamo de virilidad y la impronta del macho duro en la mentalidad occidental y, por supuesto, en la imagen del gay que se comenzaba a construir desde mediados los años 70 .
Como precisamente este grupo escapaba de ser etiquetado como gay coqueteaba con lo queer tanto por su indumentaria hiperbólica (el motorista de cuero, el indio, el policía, el marine, el vaquero y el obrero de la construcción, arquetipos de la “cultura norteamericana” adoptados por la inmensa mayoría de los gays urbanos estadounidenses) como por sus letras; sin embargo la película Can’t Stop the Music, llena de referencias al estilo de vida gay, estaba basada en patrones típicamente heterosexistas.

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